viernes, 14 de octubre de 2016

Soñé

Estaba en la puerta de mi casa, que no era mi casa de verdad, pero en el sueño lo era.
El vestíbulo más bien. Un pasillo, una puerta a mi derecha, paredes altas enchapadas en piedra color café-amarillo, una luz a la izquierda que intuía un espacio amplio e iluminado, la sala.
Un timbre.
Tres personas más a mi alrededor.
No abro yo, abre él.
Ella, a mi izquierda, solo está parada, vestida de blanco, me mira, pero su presencia es más parecida a un ángel sin alas que a una sensación humana.
Al otro lado de la puerta abierta, un mensajero, de empresa de paquetería, uniformado en gris-celeste, bajito, cabello negro, con la entrega y un papel con lapicero en la otra mano...firme aquí.
Son para mí, pero no firmo yo.
Él revisa, no dice nada, firma. Se va.
Al otro lado de la puerta, un pasillo como el exterior de un hotel de esos antiguos, con patio central, la pared a la izquierda enchapada en la misma piedra, a la derecha columnas cuadradas y gruesas de ladrillo de barro, entre las columnas muchas plantas verdes de follaje y un pretil de ladrillo de no más de un metro. Se alejan. Se la lleva. También vestida de blanco y sandalias, evoca frescura.
La entrega queda como flotando en el aire, es mía, pero no la puedo agarrar.
Es un ramo de rosas, rosadas con la orilla rojo intenso. El arreglo es extraño, los tallos son cortos y se unen al final en un punto minúsculo, mientras se extienden tupidos hacia arriba como formando un cono. Son muchas, varias docenas quizá, no son botones, pero no están totalmente abiertas.
Tienen una tarjeta, enorme, gigante, hecha con papel de regalo. El lado estampado tiene osos rosados y corazones fucsia, en un fondo rosa pálido. El lado blanco tiene un mensaje, escrito con lapicero azul, letras grandes, con una caligrafía parecida a la de mi madre. No puedo leer que dice.
Despierto
¿Quién me mandó a dejar rosas?
¿Por qué ellas están vestidas de blanco?
¿Por qué no las puedo agarrar?
¿Por qué él no dice quién las manda?
¿A dónde van?